SpaceX: cohetes, satélites y un agujero negro de capital

SpaceX es, probablemente, la empresa más fascinante y más difícil de analizar del momento. Cuando la mayoría de la gente piensa en ella, imagina cohetes, a Elon Musk y el sueño de llegar a Marte. Todo eso es real, pero es solo una parte pequeña del negocio. En realidad, SpaceX controla al mismo tiempo una porción enorme del acceso global al espacio, la mayor red de satélites del planeta, y además es una apuesta directa sobre el futuro de la inteligencia artificial.

En este artículo repasamos qué parte de SpaceX genera dinero de verdad hoy, qué parte sigue siendo pura apuesta, y respondemos a la pregunta que se hace cualquier inversor: ¿cuánto vale realmente SpaceX?

Tres negocios muy distintos bajo un mismo nombre

SpaceX no es una sola empresa, son tres. El primero es el negocio «core»: los lanzamientos, con el Falcon 9 y el Falcon Heavy como protagonistas actuales, y Starship como la evolución que puede cambiarlo todo. El segundo es Starlink, la red de satélites que ofrece internet desde el espacio y que hoy es, sin discusión, el corazón económico de la compañía. El tercero es xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, y también la pieza más polémica de todo el conjunto.

La revolución de la reutilización

Para entender por qué SpaceX domina la industria hay que entender cómo funcionaba el negocio espacial antes de su llegada. Durante décadas, cada lanzamiento significaba construir un cohete desde cero y perderlo para siempre nada más usarlo. Es como si cada avión comercial se tirara al mar después de aterrizar y hubiera que fabricar uno nuevo para el siguiente vuelo: un sinsentido económico que nadie había resuelto porque, técnicamente, era enormemente difícil.

SpaceX cambió esa ecuación. El Falcon 9 despega, coloca su carga en órbita y el propulsor —la parte más cara del cohete— vuelve a aterrizar en una plataforma para reutilizarse. Algunos propulsores ya han volado más de 30 veces. El resultado: SpaceX controla hoy en torno al 82% del mercado global de lanzamientos comerciales, es decir, cuatro de cada cinco cohetes que salen hacia el espacio son suyos.

La siguiente evolución es Starship, el cohete más grande jamás construido: unos 120 metros de altura, el equivalente a un bloque de 40 pisos. A diferencia del Falcon 9, donde solo el propulsor se reutiliza, Starship se ha diseñado para que ambas partes de la nave vuelvan a la Tierra. Como inversores conviene tener claro que, hoy por hoy, Starship no es un negocio: es una opcionalidad. Si funciona a escala, puede multiplicar el valor de toda la compañía, abaratar el despliegue de Starlink y abrir la puerta a proyectos como los centros de datos orbitales.

Starlink: donde está el dinero de verdad

El negocio de lanzamientos es el más maduro de SpaceX, pero no es el que genera más caja. Ese papel lo tiene Starlink, que hoy supera los 10 millones de suscriptores en 164 países, genera unos 13.000 millones de dólares de ingresos anualizados, crece a un ritmo cercano al 50% anual y tiene un margen del 63%, muy por encima del de una operadora tradicional.

La razón es sencilla: una vez los satélites están en órbita y la infraestructura desplegada, atender a un suscriptor adicional cuesta casi nada. No hacen falta cables ni torres nuevas; basta con una antena del tamaño de un libro para llevar banda ancha a cualquier rincón del planeta. Es algo que las teleoperadoras tradicionales no pueden replicar ni con fibra ni con redes 5G. Hoy, Starlink representa ya el 61% de los ingresos totales de SpaceX.

xAI: la apuesta que quema caja

Llegamos al tercer negocio, y al más controvertido: xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk. Aquí conviene ser muy claro: xAI no es, hoy, un negocio rentable, sino una máquina de quemar dinero. En su propio folleto de salida a bolsa, la compañía reconoce que en los primeros nueve meses de 2025 xAI quemó unos 9.500 millones de dólares, es decir, gastó cerca de 45 veces lo que ingresó. Y quien financia ese agujero es, precisamente, Starlink: sus beneficios sostienen las pérdidas de xAI.

¿Qué compras realmente cuando compras SpaceX?

La respuesta es que compras dos cosas bastante distintas a la vez. Por un lado, Starlink: un negocio real, demostrado, con márgenes del 63% y creciendo al 50% anual. Por otro, compras opcionalidad pura: Starship, que todavía no ha demostrado que funcione a escala, y xAI, que quema caja a gran velocidad y cuya viabilidad a largo plazo tampoco está probada.

¿Quién puede competir con SpaceX?

En lanzamientos, los rivales principales son tres. Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, lleva más de 20 años desarrollando cohetes, pero tecnológicamente sigue donde estaba el Falcon 9 hace una década. RocketLab es la opción más seria en cohetes medianos y cotiza en bolsa, pero compite en un nicho distinto, más como complemento que como rival directo. En internet satelital, el competidor más serio de Starlink es Amazon Leo, con recursos financieros y logística global suficientes para hacerle sombra. Y a más largo plazo aparece AST SpaceMobile, que ya tiene contratos con AT&T y Verizon para competir en el nicho «direct to cell». En conjunto, la ventaja de SpaceX no se explica solo por tecnología.

¿Cuánto vale SpaceX?

La valoración de mercado ronda actualmente los 1,75 billones de dólares, una cifra que sitúa a la empresa, nada más salir a cotizar, entre las diez compañías más grandes del mundo por capitalización, por delante de Tesla y por detrás de Amazon. En 2025 SpaceX generó unos 16.000 millones de dólares en ingresos totales, lo que implica pagar entre 70 y 80 veces los ingresos estimados para 2026. No beneficios: ingresos, porque beneficios, a día de hoy, no hay.

Los analistas descomponen esa cifra por partes. Starlink en solitario, valorado con múltiplos de empresas de telecomunicaciones comparables, se estima entre 600.000 y 800.000 millones de dólares: la parte más tangible y defendible de la valoración. Al negocio de lanzamientos le asignan entre 200.000 y 300.000 millones adicionales, asumiendo que Starship termina funcionando a escala. Sumando ambos segmentos, la compañía valdría entre 800.000 millones y 1 billón de dólares. La diferencia hasta los 1,75 billones que se pagan hoy es, básicamente, lo que el mercado está pagando por xAI: un negocio que, por sí solo, quema dinero a toda velocidad.

Ahí está la decisión que cada inversor tiene que tomar: si está dispuesto a pagar esa prima por un negocio que hoy no genera beneficios.

Los riesgos que hay que vigilar

Cuando una narrativa es tan potente como la de SpaceX, el mayor riesgo es dar por hecho que todo va a salir bien, porque rara vez ocurre así. El primero es Starship: retrasos o accidentes en los lanzamientos podrían impedir que este negocio alcance los niveles prometidos y dañar la valoración conjunta. El segundo es xAI: si la inteligencia artificial no despega frente a una competencia feroz de otros grandes actores tecnológicos, la valoración de SpaceX puede resentirse notablemente. El tercero es la regulación: SpaceX depende en gran medida de las licencias de lanzamiento de la administración estadounidense, y una restricción en ese frente afectaría seriamente al negocio de cohetes. El cuarto, y no siempre el más evidente, es el riesgo de concentración en una sola persona: Elon Musk controla el 85% de los derechos de voto, y cualquier distracción o imprevisto que le afecte tendría un impacto material sobre la compañía.

Nada de lo expuesto en este artículo constituye una recomendación financiera. Antes de tomar cualquier decisión de inversión, haz siempre tu propio análisis.

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